Mientras tanto hace frío

Hace frío en Madrid. Estamos a mitad del año pero Madrid se abriga como un lobo solitario, y yo lo imito haciéndome un ovillo en la cama, envuelta entre mis miedos y mi alegría. El dolor de un recuerdo y el placer de soñar. 

Hace frío en Madrid y yo escribo, porque escribo sobre los brazos, los besos, las caricias que me dan calor. No los necesito, los deseo, aunque desear no cambia nada. Escribir, sin embargo, me acompaña siempre.

Nada cambia si me escondo en la utopía de la libertad. Nada cambia aunque salga con mi estandarte de autosuficiencia, de resiliencia y de bondad. El frío no se va cuando teniendo la oportunidad de ser libre me encierro en personas, y en personajes, en lugares de mi memoria, en puntos de un mapa que marcan siempre el sur de mi cuerpo. Nada cambia si huyo de mi libertad en paisajes donde no me quieren, donde no me conocen, sitios áridos y marchitos.

Y pudiendo ser libre me callo, y me ato las palabras a las entrañas prohibiéndoles salir, negándoles mi ayuda. Menospreciando su poder. 

Pudiendo ser libre me pregunto "¿Cómo llegaste hasta aquí?", Y no me respondo, porque en realidad soy una esclava de mi miedo más profundo, porque sé que estoy en un laberinto al que me gusta llamar "Libertad".

Pudiendo ser libre a veces juzgo y me juzgo, y así me atrapan las cadenas de mis palabras, así me impiden abrir mi mente a este precioso infinito llamado "mundo", el mundo en el que tu y yo habitamos; solos, libres, complacientes (...).

"Hay besos que son mejores que el sexo", esa frase siempre la he dicho con mis amigas, y es cierto. Sin embargo, pudiendo ser libre, he elegido vivir a medias, mojarme apenas los pies en la orilla de este mar en calma que a veces es tempestad. Construyo en la orilla también mis castillos, y el mar, inclemente las  ha derribado. Aún así, siempre en la orilla, segura, tranquila, esperando(te).

Mientras tanto, sonrío,
aunque en Madrid hace frío.




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