El vaivén de su pecho lo encendía todo, sus manos enarbolaban ese pequeño rincón de mi cama, aquellas finas manos cansadas y vivaces, estaban ahí reposando sobre mi piel que al fin se estremecía con su toque...
No era una fabula, era ella; tan real, tan amante, esos eran sus labios que sorbían mi piel, todo el amor que desde mi interior se desbordaba, como se desbordan las nubes en enero, ella bebía, hacía vibrar cada partícula de mi piel y hasta la última célula ya gritaba su nombre... poco a poco se llenaba de mi amor y mis fantasías, ella encerraba tan solo al mirarme un sinnúmero de ideales, como el de la libertad por ejemplo... De repente el alba cruel llegaba y sin piedad rompía esas quimeras de esperanza que nos unían.. Ambos gritamos, nos opusimos, incluso inútilmente quisimos entregar en un suspiro, incluso en un murmullo eso que tantos años habíamos callado, quisimos que el cuerpo se nos quedara por siempre unido al otro, para no desvanecer ese instante de pasión que nos embargaba... pero al fin una ráfaga de luz nos envolvió la sien (para bien o para mal), y entonces entregamos lo único que nos separaba, nos entregamos el alma, ese pequeño centímetro de vida que desde el inicio; con una sonrisa habías tocado y que yo me empeñaba en retener, te lo entregue íntegro, en un pequeño momento y para siempre...
No era una fabula, era ella; tan real, tan amante, esos eran sus labios que sorbían mi piel, todo el amor que desde mi interior se desbordaba, como se desbordan las nubes en enero, ella bebía, hacía vibrar cada partícula de mi piel y hasta la última célula ya gritaba su nombre... poco a poco se llenaba de mi amor y mis fantasías, ella encerraba tan solo al mirarme un sinnúmero de ideales, como el de la libertad por ejemplo... De repente el alba cruel llegaba y sin piedad rompía esas quimeras de esperanza que nos unían.. Ambos gritamos, nos opusimos, incluso inútilmente quisimos entregar en un suspiro, incluso en un murmullo eso que tantos años habíamos callado, quisimos que el cuerpo se nos quedara por siempre unido al otro, para no desvanecer ese instante de pasión que nos embargaba... pero al fin una ráfaga de luz nos envolvió la sien (para bien o para mal), y entonces entregamos lo único que nos separaba, nos entregamos el alma, ese pequeño centímetro de vida que desde el inicio; con una sonrisa habías tocado y que yo me empeñaba en retener, te lo entregue íntegro, en un pequeño momento y para siempre...

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