Trocitos de mi




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Voy dejando trocitos de mi; unos calcetines en un rincón, un cepillo de dientes, un boleto de avión... 

Busco desesperadamente dejar esas partículas de recuerdo, para asegurarme de que no me olvides, de estar presente, de acompañarte de algún modo. Busco quedarme en vos, en tu recuerdo, que una tarde soleada caminando en Guayaquil pienses en mí, con la absoluta certeza de que dónde sea que me encuentre también estaré pensando en ti. Conectados, unidos, sin comprender cómo.

Tengo miedo, tengo miedo de la memoria, del olvido... De que los puentes que hemos construido no sean capaces de soportar el peso del tiempo y que me termines olvidando y caminando sin mí. 

Que sean muchas las historias de las que yo no forme parte, historias en las que tu sonrisa se empañe, o que se hinche tu pecho de alegría. Te pido una cosa, ¡Llámame! Cuéntamelo como se cuenta una historia a un niño pequeño, quiero saberlo todo, quiero formar parte, no me excluyas aunque esté lejos. Piensa que así mis heridas se curan, recuerda que esa es la forma que tenemos de estar juntos. 

Dejo aquellas pistas para que recuerdes que hay alguien pensando en vos, que el tiempo no nos rompe, que el olvido no nos acaricia, que eres el deseo de cada moneda que lanzo en las piletas. Y que en mi sonrisa hay estalactitas y estalagmitas de vos.

Dejo esos destellos de memoria, funcionando como latidos, para quedarme viva en tu recuerdo, en tu presente, para mantener la llama del reencuentro como una esperanza latente. Para sorprenderte un día, cuando por esas eventualidades (que tenemos todos) pienses que estás solo, que estás sola...

Busco quedarme en esas paredes, Entre las pinturas al óleo y el tragaluz. Que mi voz y mi risa resuene y te llegue desde cada rincón [...]. Que cuando necesites un abrazo, sientas que estoy ahí, que no me he ido, que no podría por más que me suba a un avión.

Piénsame, no me olvides, porque yo te llevo allí, donde voy. 

Siempre.





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