En Madrid lentamente empiezan a florecer los colores, los pasos más ligeros, el sol golpeando el pavimento... El mundo se ahoga en medio de una pandemia, pero como diría Neruda: "...no podrán detener la primavera".
Y es que aunque el mundo se consuma en el caos por estos días, cosas buenas también nos visitan, esa sonrisa que hemos aprendido a distinguir con una mirada, la bondad, la alegría... Aprendemos a vivir con este deseo loco de abrazar, de besar, de comernos la vida a bocados, porque es tan corta y pasa tan rápido [...] Queremos amar mucho y perdonar rápido. Vivir, que es siempre tan fácil y tan barato.
La Luna se acurruca en el cielo de Madrid, meciéndose ajena a cualquier toque de queda, la Luna contempla el silencio, el frío ligero que acaricia la acera, las luces de las farolas compitiendo con ella... Los cuerpos que se extrañan, las manos solitarias que acarician el lado frío de la cama, los que esperan, los que recuerdan...
Echar de menos se ha vuelto mi asignatura favorita, desde este quinto piso, cada noche abro mi álbum de la memoria y recuerdo esos paseos en bici por la Isla Santay, los paseos en Las Peñas, las caminatas en El Malecón, pienso en: ceviche, corviche, camarón, mango con sal y patacón... Dedico unos minutos de mi noche a estos recuerdos que me abrigan el corazón. Los recuerdo desde esta soledad que es mía, con esta melancolía en la que vuestros recuerdos me hacen compañía, los añoro con sus negros y blancos, con sus grises también. Desde esta soledad pequeña, con esta sonrisa con la que me visto siempre, que es mi homenaje eterno a tantos momentos de dicha.
No me malinterpreten, no soy infeliz, aprendí bien de ustedes a contentarme con la vida, a ver la luz siempre, a dar las gracias cada día, a comer bien, a bailar por la calle cuando nadie me ve, a sonreír a desconocidos, a tomar café... No, no estoy deprimida, no soy desgraciada. Simplemente quiero dejar que estos pequeños bits de información nos conecten, construir un puente, quiero que sepan que están presente, cada día, con cada respiro. Sé que a veces parezco distante, como si el Atlántico me hubiese tragado de pronto, me pierdo entre husos horarios, obligaciones, y despistes...
Aún así, siempre, siempre serán mi primavera, esa que no se marchita, los colores, la risa, el calor, la vida.
Serán todo eso por lo que sonría.
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