Alpes

Estos días he bebido del silencio que me deja tu ausencia, he acariciado las probabilidades, como un estadista, he hecho cálculos, he visto el horóscopo, he caminado descalza por este deseo loco de que seas mío.

Pero sobre todo, te he imaginado. Te he imaginado mirándome, con esos ojos redondos y grandes, con esa pizca de otoño que tiene el color de tu mirada y que me atrapa, esos ojos que escarban en mi diccionario intentando arrancar una palabra, un algo, pero me quedo callada y sonrío, no me ves, obviamente no nos vemos, pero yo sonrío cuando recuerdo el otoño de tus ojos. Por eso me derrumbo estos días que he visto a tu mirada disiparse, alejarse... Como un barco se aleja de su muelle con la promesa rota de volver un día, pero sin la seguridad, ni la intención de hacerlo. 

He sentido todo eso y he querido que la gravedad me engulla, desaparecer. Pero en lugar de eso no hago más que flotar en ese océano infinito que te contiene, en ese azul que es mi esperanza de verte volver, con mis ojos empapados de ilusión por darle los buenos días a tu piel. 

La culpa ha sido mía, he corrido inocente y ajena al tiempo, debí encapsularlo, atraparlo en una burbuja, hacerlo prisionero, encadenarlo a tus besos y a nuestros abrazos... Dirás ¿Cuáles? En realidad no existes, y no existo. Incluso la hipótesis de tu presencia en mi vida se desvanece como en un reloj de arena y es por eso que sufro, y es eso lo que duele... Que poco a poco y lentamente dejo de esperarte, dejo de desearte, dejo de ponerte nombres y de soñar contigo, te voy dejando, te voy diciendo adiós mientras escapas en tu barco, ese que algún día estuvo anclado a mi muelle. 

No quiero fingir que no me duele, me está doliendo, me deja en carne viva tu frío, tu ausencia y tu distancia... Aún así estoy de acuerdo, tampoco puedo hacer nada. Sé que prefieres huir y escapar, creo que incluso te lo agradezco [...]

Mi deseo a la próxima estrella fugaz será olvidar que nuestros caminos están conectados, tus palabras, tus dedos, tu balcón. Lo nuestro será un microcuento, al que volveré cada vez por ese abrazo que nunca sentiré. Será como una rotonda; breve y en la que podría quedarme girando en bucle, para no volver a tocarte, para evitar contemplar juntos ese ocaso que aún nos espera... 

Huye, escapa, vete lejos.

Adiós.

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