Para hacer este viaje vas a tener que ayudarme
Cierra los ojos al terminar cada frase, cuando te pregunte.
E intenta conectar con el tiempo exacto
El aroma
El sonido del viento
El tacto
Cierra los ojos y recuerda...
O imagina
Quédate así, indefenso, como esperando un beso
O una caricia
Quédate así, quieto, como quien intenta quedarse dormido para soñar
Porque hoy, quiero viajar contigo, al paraíso del deseo.
A esa selva de emociones que no visitamos porque nos da miedo sentirnos vivos, o sabernos muertos.
Nos da miedo que un recuerdo nos haga llorar, nos parece prohibido ese anhelo que nos hace reír.
Quiero que cierres los ojos
Porque si me miras me pierdo
Ten lista en tu maleta el equipaje preciso.
Dime, ¿Qué llevarías contigo?
Y empiezo.
El mar está quieto, en tu playa favorita se abre el cielo por completo con su azul infinito y su olor a océano, a libertad.
Caminas descalzo en la orilla, la arena es fina, la espuma del mar apenas te acaricia
¿Cuándo fue la última vez que tus pies tuvieron placer?
...
Un par de brazos te rodean por detrás, te quedas quieto, saboreando ese abrazo, como si tu respiración pudiera controlar las manecillas del reloj, o el Sol tuviera un pacto con el movimiento de tus músculos... Te quedas quieto, aunque sabes que el tiempo sigue inevitable su curso y a ese, a tu abrazo favorito, sólo le queda unos instantes más [...] Estás ahí, intentando agarrar el suspiro intenso que amenaza con romper tu pecho de tanto amor.
Un cuerpo más pequeño que el tuyo te está abrazando por detrás, y están ambos quietos, el único baile que existe es el de sus finos dedos que recorren casi imperceptiblemente tu pecho. Y no quieres que ese momento acabe, y pones tus manos sobre las suyas, y aunque te mueres de ganas por ver su cara y comerle la boca a besos, prefieres quedarte ahí, moribundo, disfrutando del silencio, de esa burbuja que de pronto os rodea.
¿Hace cuánto que no se detiene tu tiempo por un abrazo?
...
Caricias, dedos deslizándose por tu barbilla, contornean el borde de tus labios hasta la comisura, y así la recorren entera, dibujando tus cejas, lentamente, como si fueses una poesía de Shakespeare, como si fuese un ritual o el pasatiempo perdido del mundo, como si fuese una foto, como si tu rostro fuese un lienzo. Tu cierras los ojos, entreabres la boca, y sientes que los malos pensamientos y las penas se alejan, huyen... No cargas más con el equipaje de la culpa y el miedo.
Mientras esos dedos besan con su piel tus pestañas, flotas.
Yo sé dibujar muy bien el rostro de la gente con mis dedos, no quiero alardear, pero tengo buen pulso.
¿Y a ti, te han dibujado la cara alguna vez?
...
No sé lo que sientes, a veces sonríes, a veces estás triste, no sé con qué cosa me vas a salir. Vivo entre el deseo y la incertidumbre, quizás mi deseo se alimenta de las ganas de descubrirte entero, de desenterrar el origen de tu dolor y tu rabia. Conocer tu esperanza y tu ilusión. No sé nada de ti, pero me miras... ¡Ay cuando me miras!
Me miras y me atraes como la gravedad atrae a la materia. Me miras, o más bien, imagino que me miras. Imagino que me susurras, justo detrás del cuello, acariciando con tus labios secos mi oreja derecha. Esa imagen (o ese sueño) me inquieta, está grabada a fuego en mi cabeza, tan tallada, que no sé si es el recuerdo de una vida pasada. Tan metida dentro, que quizás es un presagio del destino.
Y cierro los ojos yo también y te pienso, y voy de tu mano, pienso en tu mirada profunda, misteriosa e inquieta. Cierro los ojos y te veo a ti también con los ojos dormidos, soñando que estoy contigo, que caminamos en la playa, que te abrazo por la espalda y que te espanto las ideas malas con un pequeño desliz de mis dedos.
¿Y tu? Dime si tú piensas en mí. Me gustaría sincronizar nuestros sueños, sincronizar nuestros tiempo, nuestras coordenadas geográficas y el azar de la suerte, que coincidamos en esta vida.
Que me beses. Bésame.
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