Empieza un nuevo año
En Madrid el cielo se pinta de blanco,
¡Nieve en Madrid!
Así empezamos un nuevo año con la consecución de una pandemia que se lo come todo, esperanzas, sueños, vidas, sonrisas... Pero la nieve llega y no hay muerte que nos quite la sonrisa, o la esperanza... la alegría.
Miro los copos de nieve caer, y aunque estoy contenta, sé que pronto va a acabar, –probablemente mañana– y me pregunto ¿Saber que se va a acabar hace que lo disfrute más o que lo eche de menos antes? Algo así me pasa con el amor; lo deseo, me hace ilusión, pero como todas las cosas que han llegado a mi vida, sé que se irá [...] eso me detiene, me paraliza. El amor busca gente perfecta y yo no soy más que 54 kilos de piel, neuronas, células y existencia llena de errores, empapada de contradicciones, rota. Viva, pero rota.
He amado y he perdido...
El amor siempre empieza con la dicha de lo nuevo, del descubrimiento. Te enamoras de su risa, de sus nervios, de la seriedad con la que trabaja, de sus manías, de sus inciertos... Te enamoras lentamente y por completo, hasta que dejas de enamorarte.
De pronto dardos atraviesan tu garganta, te callas cosas, te sientes sola, poco a poco la magia de la nieve se derrite, y lo que había cubierto una serie de imperfecciones finalmente dejar ver lo que hay por dentro, y entonces el paisaje ya no te gusta, no te sientes más en casa, te desorientas... Los silencios incómodos te ahogan y te absorben como en una espiral, y empieza a susurrar despacio, «esto se va a acabar».
Amar tanto, amar todo, para luego ¿Dejar de sentir? ¿Para olvidar? ¿Tiene algún sentido que te rompan el corazón tantas veces? Entregarte entera y luego, luego nada.
Creo que hoy prefiero no encontrarme con el amor "de mi vida", prefiero no conocerlo, no quiero amarlo, no quiero sentir el tacto de su piel con la mía, no quiero escuchar su risa exquisita y contagiosa, ni ver sus ojos dulces fijos mirándome a mi, sólo a mi. ¡No quiero! porque darle la bienvenida sería labrar al mismo tiempo el camino a la despedida, al olvido. Prefiero que no me conozca, que no sepa que existo, a tener que soportar su olvido, su desamor. Todo acaba, pero no quiero vivir con la certeza de que ese amor verdadero también se extinguió.
Por eso, hoy, te digo adiós.
Me despido de tus pestañas, de tus cejas, tu barba, tus labios, tus orejas frías... Tu abrazo, el olor de tu ropa, la textura de tu piel. Me despido del sonido de tu risa retumbando por mi habitación, me despido ahora que no te conozco porque sé que no podré sobrevivir de ti, y quiero cuidar mi corazón. Después de todo no merece la pena si al final nos vamos a decir adiós, ¿Verdad? Es simplemente acortar el camino, y dejarte libre antes de ser esclavos.
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