Treinta

Enero 1990.

Nací en el hemisferio sur del planeta, y eso me marcó. De muchas formas el sur tiene un estigma, de todos los males que podría adjudicarme por ello, no ha sido sino el desamor el centro de mis sinsabores... Ahora, que le di a mi mundo la vuelta no encajo. Soy del sur, pero vivo en el norte. Muy diferente, pero no tanto; muy normal, pero no demasiado. 

Voy dejando pistas en los pliegues del tiempo, bordando risas en este carrousel de silencio. Soy transparente, no miento, y eso, eso me vuelve invisible, no aparento ser alguien que no soy. Me gustan las cosas intangibles de la vida, el aroma a café, la risa de los niños, las lágrimas de despedida me quiebran y me avivan la esperanza a veces dormida. Soy eso cotidiano que no se mira, que noches como hoy, aunque el hemisferio izquierdo de mi cerebro razona y me dice que tengo que dormir, el derecho me grita que no le haga caso, que escriba, y aunque el sueño baila en mis ojos mi mente solo piensa en ti [...]

En ti, que no existes, en ti, que te he inventado. En ti, que no me has visto, no has visto mis miedos, mi mal humor, mis pesadillas, ni ese lunar que no encajo a mencionar, no me has acariciado cuando las lágrimas caen agitadas por mis mejillas. No puedo dormir y te llamo, a ti, que acudes a mi en noches como esta. Y me ruegas: ¡Háblame!. Es por ti que escribo, aunque tú no respondes, tienes los labios cosidos, dormidos, esperando están a que los despierte un beso mío –o eso quiero pensar, concédeme creer que es cierto–. 

Es curioso; ¡Cómo se puede llegar a desear tanto a una quimera! No me has tocado, pero pensar en ti me estremece el corazón, y soy estúpida, por pensarte mío, en unos años cuando cambie el sentido de mi reloj, cuando deje de ir en contra del viento, y me deje arrastrar por el Sol, veré con decepción que no has aparecido, que eres un fantasma, y aún así, seguiré esperándote, seguiré soñándote, seguiré aquí, en este muelle que es de los dos, este muelle de esperanza idiota y atrevida, esta esperanza que tiene la inocencia y picardía de tus ojos.


Diciembre 2020.

¿Has visto la Luna?, ¡Hay Luna llena!

¿En qué hemisferio te encuentras? Voy a gastarme la vida y el insomnio buscándote. (!)

Me repito constantemente que estoy bien, y es cierto, lo estoy; tengo amigos, tengo una familia –aunque estén lejos–, un trabajo que me encanta y una ciudad con los atardeceres más bonitos que he podido contemplar, ¡Cuando llega la noche el cielo se pinta de tantos colores!... Me gusta mi soledad, disfruto de mi compañía, vivo como puedo, hago lo que quiero, aprovecho y desaprovecho mi tiempo sin ti. Soy feliz, sin duda que sí. Y como dije antes, yo no sé mentir. Abrazo la felicidad, aunque no estés aquí. Así que no me mal interpretes, no me haces falta, y no te necesito, pero te deseo. Quiero compartir este cielo de colores contigo, y a mis amigos, y hablarte de un día de trabajo aburrido, que estés cerca cuando hable con mi madre por teléfono. Y quiero conocer tu cielo, y ver el mundo como lo ven tus ojos inquietos. Sólo eso, no pido mucho... ¿O sí? 

¡Dime ya en qué parte del mundo estás! ¿Podrías darme una pista, o es que te da miedo amar? 


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