Primavera en tus pupilas
En mi corazón otoño calcina
Dentro de mis párpados conservo tu boca
Perfecta, incansable... mía.
O eso supongo, no eres mío, ni yo tuya, no conozco tu voz, ni he acariciado tu alegría, no ha llegado a mi pecho esa sensación infinita de rozar con mis dedos tu pelo y calmarte la tristeza hasta dejarte dormido... Quizás no existes [...] ¡Si, te he inventado! La realidad me ha roto y me ha engullido, y me refugio aquí, en el único sitio donde apareces. El sitio donde tu barba roza mi piel, este mundo de perfecta analogía y utopías inútiles como la esperanza herida de que existas y seas real.
He repasado el verbo "conocer" con todos sus tiempos verbales; ¿Te conocí algún día? Quizás eras ese chico alto y gracioso que me regaló flores a la mitad de una clase de mates... Quizás nuestras miradas se cruzaron en alguna estación de bus (...) El pasado es lo que más me atormenta; ¿Y si te conocí pero no me di cuenta? ¡Maldita sea mi despiste!
Quizás hace galaxias de tiempo, cuando éramos sólo unas amebas... Quizás fue antes, y culpo al Big Bang, y su estúpida idea de explotar. Aunque yo, sin embargo, no te he olvidado, milenios y cicatrices más tarde te sigo pensando, y me digo: Debí sujetar más fuerte tu mano, no habría podido el puto Big Bang con nosotros.
¿Te conozco? ¿Eres acaso ese aquel doctor que toma siempre mi autobús una parada después que la mía? No, no eres tú. Sin embargo... ¿Será posible que te conozca?
Pero, ¿Y si esta nostalgia de ti nunca se apaga y estoy condenada a recordarte sin tenerte otro océano de tiempo más? ¿Cuántos errores más hasta tu boca? ¿Puedes decirme si te conoceré? ¡Quiero estar preparada! Ponerme mi mejor vestido, desempolvar esa sonrisa que hace años guardo en mi armario junto a mis zapatos de charol... No quiero que el despiste me gane otra vez. Si aún no te he conocido, dime si te conoceré.
Solo quiero estar preparada, que cuando veas este par de ojos tristes, a pesar de eso, te sientas en casa.
Soy tuya y vivo aquí, en medio de estas letras, del insomnio que me mece junto a la Luna cada noche en la que no están tus brazos, y siento nostalgia de ti, una nostalgia tan absurda de alguien a quién jamás conocí... como si en otra vida hubiésemos sido uno y de pronto, nada.
Ven, despójame de esta nostalgia, engánchate a mis dedos, deslízate entre mis piernas y dime ya; soy yo, te he encontrado. ¡Te encontré!
Por favor, ven.

Comentarios
Publicar un comentario