espacio-tiempo

Llueve en la ciudad que vivo, la ciudad que cada día me mira y me abraza, soy una extraña para ella, no le pertenezco, pero me abraza y me mira igual. ¡Qué importante es ser visto! Ser consciente de nuestra existencia cada vez que alguien nos saluda, cuando el viento te golpea la cara, te acaricia el pelo, cuando te mira conteniendo la risa mientras bailas casi a oscuras, un martes a las nueve de la noche en calle elfo y virgen del Sagrario. 

Que bonito verme en los ojos de esta ciudad, con atardeceres llenos de color, que compensa en parte la alegría que a veces le falta a las sonrisas amables con las q me topo.

Llueve en Madrid, este octubre de covid caótico y amontonado de tareas y decepciones. Llueve. Llueve y me pienso.

Sí, me pienso, no es narcisismo ni egocentrismo. Pero me pienso allí. En tus brazos, rodeando mi cintura como un abrigo improvisado. Me pienso en esos ojos marrones que miran fascinantes esta sonrisa, que es más bonita cuando digo tu nombre. 

Nah, es broma. 

Llueve y es cuando más hondo navego en mis pensamientos. ¿Cuándo fue la última vez que fui feliz sin saberlo? ¿Cómo podría guardar el aroma del café en una botella? ¿Por qué no he vuelto a ser feliz desde aquella última vez que aún no logro señalar en un espacio-tiempo? ¿Qué es ser feliz? Y si ser feliz era esto... 

Si es mirar por la ventana esas gotitas de cielo diluidas en el criatal. Si es saber que me miran otros ojos, que me piensa otra boca, que me anhela otro cuerpo. 

Para mí ser "feliz" es una estrella fugaz que casi nunca nos da tiempo de adivinar cuándo pasará, ni nos deja elegir cuál es el mejor deseo para pedir. Casi siempre se contempla, pensando q es única, con la fe de un niño y la ilusión de un idiota. Abrimos los ojos y sentimos cómo los destellos de su luz (esa que técnicamente ya no existe) erizan nuestra piel. Nos sentimos especiales... Porque es lo que tienen esos momentos de felicidad; hacernos pensar q no los merecemos, pero que quizás hemos hecho algo remotamente bien para coincidir con ese pedacito de gemínida.

La felicidad es un destello pequeñito, pero que una vez que te toca se esconde en lo más profundo de tu alma para que acudas a él cada vez que tu corazón se quede a oscuras.

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