Me acompañaba la sombra,
esa que duele cuando mis labios acarician su nombre
la que se esfuma cuando sonrío
cuando te olvido
por un instante brevísimo
como un suspiro.
Me acompañaba la duda,
de volver a abrazar la pena,
de abrir la puerta a una herida nueva
probablemente eterna
como las olas y la Luna
Pero te vi,
y no había ni sombra, ni duda,
ni herida, ni olvido,
estabas tu,
conmigo.

Comentarios
Publicar un comentario