Me aferro

Me aferro.

Me aferro a tu cotideanidad, a tu imagen, a tu risa, a esas palabras que sueltas despistado, sin darte cuenta, como el océano que derrama el cielo en invierno... y como no te importan, yo me aferro y busco las señales, y planeo con las constelaciones de mi ventana, con estas paredes que cada vez se acercan más y se abalanzan al peso de mi soledad, abrigándome y asfixiándome... yo, yo solo me aferro.

Me aferro a esa voz que confundo con la de un amigo, me aferro a tu pecho, a tus historias, a tu presente. Me aferro como un náufrago a un salvavidas, tomo fuerte tus líneas y las exprimo como ungüento para mis heridas, me aferro y sonrío, y sujeto ese mal recuerdo que me persigue, esa tristeza tan mía, esa por la que a veces suspiro, la tomo de la mano y no me importa ni siquiera, porque ya no me aferro a ella, sino a tus pupilas.

Me aferro a ti, aunque sé que eres brisa, me aferro a ti que vives sin cadenas, me aferro a ti que sé que no eres un salvavidas, ni ungüento, ni tirita. Pero, me aferro, porque me alivias, porque me olvido un momento de lo que busco ser, y simplemente soy, me aferro porque me gusta verme, porque me agita tu misterio, porque me endulza tu risa, me aferro a descubrirme bailando, cantando, jugando, riendo, soñando y olvidando...

Me aferro a esta nueva tristeza que sé que se avecina contigo.


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