Capítulo XIII: preparar la defensa o iniciar la retirada

La noche en puntillas como una niña pequeña me contempla desde el farol de mi ventana.

¿Es el amor la ausencia de fuerza, o la presencia de estupidez? Es el amor algo que no sea dolor, drama, desquicio y frustración... (?)
Tengo atrapados en mis párpados la sonrisa de personas que se ven amadas -aunque sea, quizás, una farsa- que sueñan, que ríen... Luego estoy yo, y seguramente también estás tú. No te libro de la infelicidad, porque probablemente también eres prisionero y no solo carcelero. Todos lo somos o lo hemos sido.

Sueño con ser amada, y quizás ese es mi karma, no recibir el amor que doy; las cartas, las canciones, las treguas, la tolerancia... La espera.

Será una larga noche, pero ella me acompaña en puntillas desde mi ventana.
El peso del abismo reposa en mi pecho, en mi sonrisa de teatro, y en esos silencios que marcan cada vez un paso más lejos de ese amor que un día me supo a brisa y a océano, la culpa caprichosa empieza a darme golpes con las manos implorando que sea más fuerte, que lo intente y siempre le hago caso (...)

Pero el ritual de la lejanía a iniciado, y aunque intento dar vuelta atrás y pedir a la Luna que no salga esta noche para abrazarte, no hago más que seguir abriendo la brecha que hay entre nosotros, más silencio, menos interés en el "qué" y el "cómo" para no tomarlo como algo "personal", el convertir conversaciones en discursos triviales, ir con pies de plomo... Pero lo peor, ir levantando muros que me protejan de ti, para no salir herida una vez más.



relato 30/12/2019

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