Desde que abriste los ojos ya soñabas con volar,
Y mientras aquella luz ámbar se deslizaba por tu corniza preparadas tenías tus alas para despegar...
Diez mil atardeceres después estás del otro lado, vizlumbrando a lo lejos los sueños de aquella niña de coletas y sonrisa eterna. La extrañas, la buscas en tus noches más frías, aún no te abandona y acude cuando la frustración y la decepción están por destruirte.
Entonces ella con su serenidad de niña te abraza, y te presta por un instante sus ideas claras "tú querías esto" -dice, "nosotras queremos esto" -concluye.
Querías la soledad, vivías "atrapada" y querías flotar hacía un sitio mejor.
Querías colores, lluvia y sol
Querías alejarte del dolor
Querías ser lo que no quieres ser ahora.
¡Pobre ave confusa! Hacía donde te llevará tu insensatez, tus sueños titubeantes. Tus decisiones espontáneas y planeadas.
¿Quién te secará las lágrimas y escuchará tu corazón adolorido?
¿Quién acudirá al muelle de tu sonrisa a esperar a que el barco de la felicidad deje su ancla allí para siempre?
Las luces de la ciudad de este nuevo hogar no se apagan, te obliga a brillar, te exige que sigas, que no te quedes un momento a mirar tu vida, a buscar a tu niña pequeña para pedirle abrazos y la luz de su mirada, para preguntarle ¿Eres feliz, niña?
Es un mundo duro,, pero no cabe duda, tu lo pediste. Es lo que querías ¡Lo que quieres! lo sabes tu, lo sabe esa pequeña de 7 años que sueña aún con ser mayor.
Luego una caricia, y entonces su pequeña silueta se aleja, paz y soledad para enfrentar todo de nuevo... una vez más.
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