Estas en un muelle, estás relajada y deslizandote entre tus recuerdos, esos que pararon de archivarse hace años. Te encuentras en ese muelle girando como ese Fouetté en Tournant del ballet, repitiendo las mismas miradas, los mismos besos, los mismos rostros, inventando otros guiones, otras expresiones, y otras soluciones que te hubiesen llevado a otro camino, hacia otro muelle... Aunque bien sabes que algunas cosas están escritas, aunque sabes que la mitad de tu camino está decidida por el destino y no por tus deseos, aunque sean los más profundos.
En ese muelle ves a lo lejos un barco que se acerca, no sabes conducir un barco, no lo controlas, no lo conoces, pero según se acerca una llama en tí se liga a ese barco, con el objetivo inocente de libertad y compañía...
En cuanto subes empiezas a ahogarte, aquella nave, como cualquier persona, tiene grietas, grietas que aunque te empeñas en reparar solo abren paso al agua, a la densidad de otros deseos, de otras ideas, que quieren volcarte, que ahogan tus pasiones, tus ideales y tu misterio.
Estás en el muelle, pero tu alma ya a lo lejos bifurca el horizonte.
En ese muelle ves a lo lejos un barco que se acerca, no sabes conducir un barco, no lo controlas, no lo conoces, pero según se acerca una llama en tí se liga a ese barco, con el objetivo inocente de libertad y compañía...
En cuanto subes empiezas a ahogarte, aquella nave, como cualquier persona, tiene grietas, grietas que aunque te empeñas en reparar solo abren paso al agua, a la densidad de otros deseos, de otras ideas, que quieren volcarte, que ahogan tus pasiones, tus ideales y tu misterio.
Estás en el muelle, pero tu alma ya a lo lejos bifurca el horizonte.
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