Gorrión

No aceptaba ser gorrión porque le gustase más, sino porque le gustaba a los poetas, y ese gorrioncillo amaba los poemas.
No. No es suficiente, nunca serás suficiente para la gente, y eso termina contagiando hasta a tu propia alma. Nunca, nunca estarás al nivel de la persona a quien amas, nunca siendo tu mismo. Complacer es el deber de todo ser que se jacte de ser amado. Siempre, siempre, sin embargo, es necesario recordarlo y abrazarse así mismo, reconociéndose como uno es, y amando cada parte de su ser que otros no aman.
Así empieza cada día el gorrión con un nuevo vuelo, se irgue el pecho, sacude sus alas perfectas e "imperfectas" y surca el aire una vez más, mientras los poetas intentan adivinar su vida y sus amores.
Más ninguno intenta comprender su dolor.





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