Porque más fuertes que cadenas son las promesas... O deberían.
Déjame escuchar el tono trémulo de tu voz,
Déjame, amor, acariciar tu pelo mientras compactas sílaba tras sílaba una oración
Quiero mirar tus empapados ojos que finalmente exhalan una declaración.
Una promesa.
Dos.
Pero amor, no sigas, no mientas (...)
Quédate en silencio, piensa en la postrimería
Bésame y dejemos que la suerte decida.
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