Hay personas valientes, y otras afortunadas...
Constantemente me pregunto en qué punto de mi vida me incliné hacia lo cursi y ridículo. No lo recuerdo. No sé qué instante de mi vida me convirtió en lo que soy ahora. ¿Fue una serie de eventos al azar o algún suceso aislado y remoto?
Espero que no me mal interpreten, no estoy del todo inconforme con mi forma de ser, pero, como todo ser humano que se preste de serlo; anhelo siempre mejorar y avanzar, poco a poco voy sembrando cositas que me gustaría ser... Hay cosas de las que aún no estoy segura, tomar una profesión u otra, vestir de una u otra manera, el café por la mañana o por la noche...
Sin embargo, en mis escasos 5 años tuve la definitiva sensación de que me gustaban los niños (ya saben que a esa edad uno no se entera de nada) y fue cuando lo conocí. El destino fraguó tretas algunas buenas y otras no tantas, pero el destino también con misericordia nos volvió a juntar. Está vez ya no en aquella escuela, más bien en sitios lejanos del mapa, pero volver a verlo ya era un triunfo.
No quiero alargar este momento, ni quiero usar extensas palabras inventadas, o describir paso a paso todo lo que pasó para volver a sentir sus manos cerca de mi. No usaré nada que complique más algo que es tan sencillo como el amor. Lo amo.
Estoy enamorada de él.
En mi búsqueda de melancolía, dramatismo, romance y nostalgia, sin querer lo he lastimado. Quizás el no sepa que para mí siempre ha sido más fácil hablar de cosas tristes, de descargar en palabras escritas mis emociones y sin pensarlo lo he herido.
Por eso ahora quiero hacer algo distinto, estoy en un tren, mirando esos edificios reflectados por el sol, y pienso en él. Pienso en nosotros. En esas frías mañanas en las que su desayuno y su sonrisa me han abrigado. Aquella fotografía de su alma que tengo reposada en el libro que me regaló, esas tardes de nada hacer mirando the Big Bang theory, su abrazo fuerte cuando ese Atlántico me pone nostálgica. Su mirada que presiente cuando algo me pasa. La consciencia inherente de que lo quiero más que a nada, y esa fuerte idea de querer hacer inmortal este sentimiento. Si él quiere.
Si un día lees esto. Gracias por no rendirte, por mantenerme a flote y salvarme de esas noches de mirar la Luna y decir tu nombre sin tenerte.
Con amor,
Jex
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