Mirar

Cuando duela abrir los ojos, mira hacia dentro, cierra los ojos y mírate. Estás a salvo contigo, estás completa. No hace falta nada, no hace falta nadie.

La noche congela sus lágrimas, su aliento amargo retumba en su paladar. ¡Qué ridículo es que creyeras...! Mirar alrededor en busca de abrigo. Absurdo. Mirar hacia dentro. Alucinante.

Las aves al volar no confían en el aire, no esperan que la corriente las eleve y las lleve donde sea. No. Las aves confían en la fuerza de sus alas, en cada uno de sus movimientos, en cada giro, cada aleteo.

Siempre me he preguntado si las aves tendrán vértigo, si planear en las alturas para ellas es un constante vencer el miedo. Si son enemigas del viento y luchan constantemente en su contra (...)

¿Yo tengo vértigo? Si. No es el vértigo convencional, de ese ni un poco; es el vértigo de estar en un punto en el que no sabes cómo llegar más allá. Cómo amar más, cómo luchar más, conseguir tus logros, conseguir abrigo, consuelo... Ese es mi vértigo. Mirar hacia abajo, ver como podría irme de bruces en el aterrizaje. Ver a mi alrededor y sentir que nadie entiende mi vuelo ni mi corazón. Tengo miedo, pero desde ahora cuando sienta ese miedo, miraré hacia dentro, dentro de mi misma, dentro de mi corazón, de mis sueños, de mis anhelos más profundos, todo lo que he guardado en un cajón, las heridas, el desamor, las mentiras, las promesas, el rencor... Miraré hacia dentro y entonces me sentiré segura, soy la única persona (después de todo) en quien confío, la única que no quisiera hacerme daño, la que va a estar conmigo hasta que este dolor de cabeza llamado vida se acabe.

Miraré hacia dentro y será como estar en casa. Sin importar donde esté.

Mirar hacia dentro, aunque suene egoísta, mirar hacia dentro para que el alma no duela.

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