Mamá dice que de amor nadie se muere, pero ella nunca más volvió a amar. Creo que esa es una forma de estar muerto.
Sola, contemplando en su mente el verde tambaleo de las hojas que estaban frente a la ventana, unas palomas grises bailan en el aire. Recuerda aquel árbol que ya no está, o al menos no lo nota. Ahora es alguien reducido a nada, que no sabe si ir sumando días o restándolos. Nada aquí es de ella, ni nadie.
Otro día más contemplando el vacío recuerdo del verde transformándose en amarillo, de aquel zigzagueo (...) Es que aquel árbol aún se movía mejor que ella, parecía vivo, parecía amado por esas palomas grises que jugaban con su canto en torno a él.
Yo no soy aquel árbol, aunque he desaparecido igual que el.
Afuera hace frío, pero del otro lado de la ventana también.
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