Siempre llega cuando el sol se pone, cuando todo se acaba, cuando las ganas, cansadas, se rinden. Cuando la esperanza se pierde.
Sonrisa escarlata, con dos auroras flotando, mientras me habla con aquella vocecita encapsulada de inocencia. Quédate así pequeña, quédate así; pequeña.
Quédate así, curándome las heridas con tu mirada de cristal, quédate tensando esos lazos invisibles y fuertes entre ambas; quiero aprender a ser ingenua otra vez, enséñame a sonreír de nuevo, como en '96...
Dibuja sobre el papel esas historias en las que yo soy la estrella para ti, sólo para ti, dime allí con tu letra primeriza, que me quieres. Luego, desbarátame, apretújame con tus bracitos tan indelebles como frágiles... Acaríciame con la seda de tu pelo, reclama que te peine, y lo haré, siempre lo hago pretendiendo colocar sobre esas trenzas un poco de lo que tu, generosamente, repartes sobre mis mejillas...
Llegas siempre cuando me rindo, cuando llego a extrañarte, porque extrañar es algo que no suelo hacer (o que no llego a admitir), llegas y entonces me doy cuenta que son tus ojos y tu risita de mariposa el hogar del sol... Siempre si estás conmigo hay luz, armonía, vida y la incuestionable presencia de Dios.
Gracias Vicky, por tus dibujos y tu amor, cada vez que los descubro me despierta el corazón.
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