Hace unas semanas (probablemente algo más de un mes) una de mis mejores amigas un poco turbada me preguntaba sobre que pienso de la canción de la Oreja de Van Gogh - Rosas "...que el amor verdadero es tan sólo el primero, y es que empiezo a sospechar, que los demás son sólo para olvidar". En su momento le di una respuesta bastante cliché -aunque no por eso menos cierta- sacada casi que de un libro de superación personal. Sentencié: "Tú eres tú primer amor".
Lo cierto es que, he pensado mucho en estos días sobre aquella canción, y mientras más lo hacía, notaba que no es cierto -al menos para mi-. Bien, todos tenemos nuestra "primera vez" en todo: clases, citas, entrevistas de trabajo, accidentes, miedos, vergüenzas en público... Una lista interminable. Yo recuerdo a mi primer novio, su nombre era Andrés y era poco agraciado. El primer novio en quién realmente me interesé: Carlos. La primera profesora que me hizo amar estudiar Aída a los 6 años). La primera entrevista de trabajo: en un spa.... El punto es que en estos casos hay dos factores importantes: tengo buena memoria para cosas cursis y no me he enganchado siempre con esas primeras veces.
Entonces, ahora hablemos sobre la memoria; recuerdo mis primeras veces en muchas cosas, pero no en todo, no recuerdo cuál fue el primer diente que perdí, no recuerdo cuál fue el primer cumpleaños que celebré, no recuerdo mi primer día en el kinder. Sin embargo, recuerdo las segundas, terceras o quintas ocasiones en las que me sucedieron ciertas cosas.
Eventualmente, como lo mencioné antes, hay primeras veces que no son relevantes, y otras que los superan increíblemente, sacudiéndose dentro nuestro y haciéndose memorables. Por ejemplo, la entrevista de trabajo que tuve para acceder a la empresa en la que estoy actualmente fue bastante interesante y tiene un espacio muy especial en mi memoria. Sin embargo, debo admitir que probablemente fue la vigésima segunda entrevista que he tenido en toda mi vida (tal vez falle un poco en los cálculos o habré olvidado alguna que otra entrevista poco importante).
El caso es que las primeras veces no tienen -necesariamente- que quedarse grabadas en tu cuerpo o en tu mente, ni mucho menos ser más importantes que las séptimas o últimas.
Pienso que si nos limitamos a esas primeras veces perdemos nuestro tiempo, quitándole el sabor y la alegría al resto de la vida, debido quizás a que esa primera vez no se disfrutó plenamente porque no teníamos la experiencia que nos da la vida y el tiempo, si es lo primero lo que importa en vano está el camino y los pasos que damos hacia nuestras propias metas, si nuestra meta entonces se encuentra lejana en el pasado, si lo que queremos es volver a empezar nos encontraremos en un círculo vicioso difícil de sortear.
La primera vez sólo es necesaria para impulsarnos durante ese camino de búsqueda intensa hasta que, finalmente, encontramos eso que exactamente buscamos. Incluso aquellos amores primeros que se renuevan.
Yo prefiero acumular veces, sorprenderme, deleitarme, hacer que ocurran más, conocer mil formas y maneras... Vivir sin mirar atrás, pues es al final del camino en dónde se encuentra la meta.
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