El magnetismo impuesto por el destino entre tus ojos y los míos, el encaje perfecto entre tus dedos y mis dedos... La sincronía de nuestros cuerpos, de mi voz y tú canto, de mis sueños con tus pasos... Las circunstancias. Dios quizás.
He estudiado algunas posibilidades, el olvido incluso, la distancia, el fracaso, el silencio, la soledad... Pero me atrevo, me atrevo a seguir, a caminar pasito a paso y atravesar esa línea que guían las estrellas, las constelaciones, brújulas y canciones (...) Me atrevo más que por ti, por mi, porque tengo de nuevo las ganas de luchar, de tener metas y cruzar el océano si es necesario (literal y metafóricamente) para hacerlo posible. Porque sonrío, me da miedo, y se vuelven a iluminar mis ojos cuando lo imagino.
Arriesgarme, y ganar (más).
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