A ti, que haces un segundo parecido a mil años cuando estoy lejos de ti.
A ti que alejaste el dolor de un portazo, cura mi ahora, que tengo gastados los ojos. Y pierdo trocitos de mi alma por las noches, indolentes se deslizan y llegan a mi almohada. No estás para secarlas, pero si me miras, sonrió.
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