No me digas que es muy pronto para empezar a caer, no me digas que estoy a tiempo para mantenerme de pie...
Era frágil, como el recuerdo de un niño, como la inocencia del verdadero amor. Era frágil.
No recuerda el momento exacto, ni el lugar, los colores que vestía, ni el tiempo que hacía... Sólo recuerda ese débil pulso que recorriendo su cuerpo de pronto empezó a palidecer, entonces sólo podía caer y caer... Invierno.
Monotonía, se acabaron la sonrisa y los sueños, se extinguieron, se esfumó su última plegaria diaria, y la luna susurró a su ventana que no habrían más estrellas fugaces para ella... Ni una más.
Junto al río ahora, llenándolo con los retazos de alma que cuelgan de sus ojos, se despide; "adiós, moneda -le dice- adiós".
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