Jurándonos la Luna, olvidamos ponerle nombre a nuestras estrellas. Se apagaron. La Luna en la ventana nos contempla, no estamos juntos.
Es completamente inútil fraguar una tregua, el final inminente, el pasado, el presente, los recuerdos, las acciones, las decepciones, miradas, olvidos, promesas, palabras escritas, palabra dichas, palabras vacías... Canciones, películas, nachos, noches, citas, desplantes, desaires, aciertos, encuentros, ilusión, melancolía, guerra, muerte. Morir.
Dolor. Era una noche de agosto, tu sonrisa había ya perdido su encanto, tus palabras chillaban en medio de mis pensamientos. La espera, esperé. Nada. Luego todo, se rompen aquellos puentes que unían mi mundo y el tuyo, esos puentes que tardamos en construir, fabricados con promesas y momentos que ahora se notan lejanos en mi mente. Aquellos puentes tambaleantes que nunca reparamos, que nunca notaste que temblaban hace tiempo ya. Mentiras, pude sentir como al romperme te llevabas cierta parte mía, te la regalo, quizás te sirva, quizás no; pero es tuya, de cierto modo te corresponde, de cierto modo ya no la necesito.
Pudiste ver mi mundo derrumbarse, pero ligero continuaste tu falso discurso. ¿Cómo se pasa de saber todo sobre las flores y luego quedarse sin jardín? ¿Cómo asumir con entereza los pedazos indiferentes de aquellos puentes que en algún momento tuvieron sentido y utilidad, que fueron bellos y fuertes?
¿Cómo le mientes a alguien que "amas"? Pero la pregunta más difícil viene a continuación. ¿Cómo he podido ya olvidarte, cómo has podido al fin, dejar de dolerme?
Fin.
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