Río corazón, corazón río.

M I S T E R I O
Siguiente reto, ocho letras, cuatro vocales, cuatro consonantes, tres sílabas, diptongo. Y va bien con historias como estas.

Mayo, sentada en la banqueta, el sol quemándome las pupilas, te recordaba, tu recuerdo deslizándose entre mis dedos mientras texteaba, tu fragancia se confundía con el olor del pavimento calcinado, tus ojos, tu mirada, mi cuerpo estaba ahí, pero yo había viajado ya algunos años atrás a buscarte como otras tantas veces.

Misterio, si, aquella vez fue diferente, una ola de sentimientos, ternura, tristeza, quería aferrarte a mi y a los poros de mi piel, marcarme la piel con esos besos que había aprendido a memorizar; esos (labios sueltos, baile, lucha, lengua, suavidad) quizás sea lo único que aún retenga como si fuera una impureza en el filtro de mi corazón. Del resto nada, sentí como te ibas, como te despedias de mi, pude ver como se cerraban tus párpados, tu mirada nula, sentí de pronto el frío intenso de saberme sin tu abrazo diario, y lo que más amaba, tu sonrisa (¿dónde termina tu sonrisa?) Futilmente se esfumó, te he buscado estas noches, he repasado tus cartas, quisiera recordar el tono de tu voz, o las canciones que salían de tu bellísima garganta. Nada. Silencio. Me has dejado sola, ahora es verdad.

No se lidiar con el amor, lo sabías bien, por eso me dejaste, no me gusta saber que no tengo el control, hacer cosas fuera de mi razón me vuelve loca, tu sabías Calmarme, contándome historias de chicos que van a la luna y encuentran agua (...) Tengo secretos que contarte ¡me agobian las tretas que ha preparado para mi el destino!

Tengo un misterio, un pequeño acertijo difícil de resolver (tan simple y tan complejo) tengo una historia, un diminuto cuento que inventé hace algún tiempo ya, aún no he podido sellar el capítulo final, ni con un beso, ni con olvido, ni con un final abierto tan siquiera, y sabes que me gustaría ver el final, un bello cuento, bellísimo, grandes páginas, grandes ilustraciones, ilusiones y castillos, ninguna bruja malvada, sin pociones mágicas (...) En fin, como aquel chispeador que aún sabiendo que va a terminar desde el momento en que lo enciendes, sigues girándolo con la muñeca, girándolo sin cesar, hasta que poco a poco y con pequeños lapsus de luz deja ya de brillar...

Susurra a mi oído esta noche sin luna un final acorde, nada glamoroso, nada dramático, algo ligero sería lo apropiado, que tengo prisa ya por calmar mi pecho de amargas noches que suceden una a otra como si mi corazón fuera su talismán.

Comentarios