Amapolas doradas

Decidir marcharse, aún sin irse.

Veintitrés espejos, dos cristales, mil sueños, tantos planes. Hecatombe, empezamos por los lirios, los marchitamos, y los pobres que no exigían nunca tantos cuidados...

Tu sonrisa, monótona, trivial, apagada por el quehacer diario, la rutina, el trabajo... Mis palabras, incomprensibles, largas, monólogos de diálogos y autorisas, palabras sin sentido para ti, fonemas desgastados, repetitivos, burlescos...

Sinfonías de silencio, con destellos contundentes y precoces de desastre, algo grita en nuestro interior ¡alerta! Le hacemos poco caso y repetimos el ciclo una vez más, y otra. Más lirios, y más amapolas, marchitas, aplastadas, sofocadas...

No me puedo ir, aún cuando tengo prisa.

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