Una mañana de estrellas

Que me dejes intentarlo, que si puedo, puedo borrarte y anularte de mis suaves labios, puedo incluso echarte de mis recuerdos, puedo... puedo dejar de amarte.

Serpenteaban los pliegues de mi cabello en tu barbilla, tus manos aferradas a mi cintura, como un niño que tiene miedo de perderse en el camino, tu pelvis presionando la mía en un abrazo que era para siempre... De pronto nos alejamos, te alejaste, murmuraste incandescentes palabras, era tu forma de decir que me amabas, ¿me amabas?

Al cielo le hacía falta estrellas, y a tu boca mi boca, agitándose mutuamente, bebiéndose, despidiéndose, pero preferí dejarla huérfana de amores, y dejé que te fueras, que me abandones, en medio de tantos rencores, del olvido, del intermitente recuerdo de ese amor prohibido...

Pensé que tu recuerdo me cubriría siempre, que nada podría compensar tu partida, pensé que este mundo ya no podría albergar tantos desamores, ni tanta distancia, pero de pronto... nada, te sigo extrañando.

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