Sus ruegos le laceraban el pecho, sus lágrimas impregnaban en sus mejillas esas pequeñas notas de la melancolía y deseaba con todas sus fuerzas fundirse con ella en ese abrazo eterno y preciso, pero la noche lo llamaba y sus oídos no podía resistirse a su irresistible canto...
El humo me dejó perpleja, por un instante nubló mis recuerdos, esos recuerdos que hablaban de nosotros, por unos instantes no pude mirar ese horizonte en el que siempre estábamos tu y yo bailando sin cesar, en donde nuestros cuerpos se juntaban sin piedad y sin prisa y tu sólo contacto me hacía vibrar y callar en una delirante agonía (...)
Te fuiste un amanecer después de mayo, cuando por las cornisas no caían más azucenas, me dejaste con las manos entreabiertas, ese tren eterno y taciturno logró envolverte y arrancarte de mi lado, ese tren me llama pero no quiero irme de esta ciudad de estrellas y fantasías, si debes volver, volverás algún día, y si no vuelves nunca ya la luna me entregará de entre los gorriones otro amor electrizante para amar y olvidarte.
Quisiera contarte las penas y las alegrías de los tulipanes y gaviotas, quisiera que me quites el vestido celeste de arandelas que me regalaste, ese que tanto te gustaba lejos de mi piel... quisiera que estés aquí para acariciar tus espesas cejas negras, quisiera, quisiera que me recuerdes en medio de tu viaje y que regreses pronto, te estoy esperando, he horneado galletas de vainilla, te estoy esperando con miles de lunas en mis mejillas...
El humo me dejó perpleja, por un instante nubló mis recuerdos, esos recuerdos que hablaban de nosotros, por unos instantes no pude mirar ese horizonte en el que siempre estábamos tu y yo bailando sin cesar, en donde nuestros cuerpos se juntaban sin piedad y sin prisa y tu sólo contacto me hacía vibrar y callar en una delirante agonía (...)
Te fuiste un amanecer después de mayo, cuando por las cornisas no caían más azucenas, me dejaste con las manos entreabiertas, ese tren eterno y taciturno logró envolverte y arrancarte de mi lado, ese tren me llama pero no quiero irme de esta ciudad de estrellas y fantasías, si debes volver, volverás algún día, y si no vuelves nunca ya la luna me entregará de entre los gorriones otro amor electrizante para amar y olvidarte.
Quisiera contarte las penas y las alegrías de los tulipanes y gaviotas, quisiera que me quites el vestido celeste de arandelas que me regalaste, ese que tanto te gustaba lejos de mi piel... quisiera que estés aquí para acariciar tus espesas cejas negras, quisiera, quisiera que me recuerdes en medio de tu viaje y que regreses pronto, te estoy esperando, he horneado galletas de vainilla, te estoy esperando con miles de lunas en mis mejillas...
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