Sus pies sedientos de calle la seguían, era ella tan nueva en las rutinarias poses del amor, tan frágil, tan poca cosa para amar hasta a su propia sombra...
No había caído nunca en el desliz de una caricia traviesa o de una boca perversa que quiera con fervor morderla, y ahora estaba allí con el alma cubierta solamente por su clara piel con unos labios que escuetamente intentaban vestirla con pedacitos de miel de su boca... No lo amaba, lo sabía, nunca lo iba a amar, él no la amaba, nunca la iba a amar, ambos lo sabían y ambos callaban ante la pasión... Una noche entonces, él se detuvo a ver sus ojos, acaricio de pronto su piel, se aprendió cada movimiento y cada sentimiento y por primera vez, la amó. La amó profunda y sencillamente, como se quieren el pasto y el rocío... la amó y no lo sabía, la amó y era tan mágico y cotidiano que le pareció una locura decirlo...
Su risa se detuvo un día, y desde entonces se pregunta a menudo en dónde podrá conseguir otros ojos brillantes y nocturnos como los de ella, sus maneras y modales, su voz y su caminar... desde entonces el rocío no ha vuelto a acariciar al pasto nunca más.
No había caído nunca en el desliz de una caricia traviesa o de una boca perversa que quiera con fervor morderla, y ahora estaba allí con el alma cubierta solamente por su clara piel con unos labios que escuetamente intentaban vestirla con pedacitos de miel de su boca... No lo amaba, lo sabía, nunca lo iba a amar, él no la amaba, nunca la iba a amar, ambos lo sabían y ambos callaban ante la pasión... Una noche entonces, él se detuvo a ver sus ojos, acaricio de pronto su piel, se aprendió cada movimiento y cada sentimiento y por primera vez, la amó. La amó profunda y sencillamente, como se quieren el pasto y el rocío... la amó y no lo sabía, la amó y era tan mágico y cotidiano que le pareció una locura decirlo...
Su risa se detuvo un día, y desde entonces se pregunta a menudo en dónde podrá conseguir otros ojos brillantes y nocturnos como los de ella, sus maneras y modales, su voz y su caminar... desde entonces el rocío no ha vuelto a acariciar al pasto nunca más.
Comentarios
Publicar un comentario