Abrió los ojos súbitamente, era uno de los sueños más hermosos de su vida, había vivido, amado, llorado, reído, cantado y callado, había sido viento, tiempo, distancia y abrazo...
Abrí los ojos, te busqué entre las sábanas, el aroma de café recién preparado seguía aún en la cocina pero tu ya no estabas, entonces desee volver a dormir, me recosté en el sillón junto a la ventana, aspiré tu perfume impregnado en las cortinas y cerré los ojos pero mi sueños se tornaron en pesadillas, entonces aparecías nuevamente tu, pero en esta ocasión ya no me amabas, tus besos buscaban presurosos estrellarse en otra piel, y en otra y en otra... te acercabas entonces a mí con los labios manchados de sudor y susurrabas en mi oído que querías las piernas de todas, que nada te llenaba, que el vino que habías albergado en tu interior por mucho tiempo, se había terminado que ahora matabas la pena y la tristeza con triviales rutinas de sexo y pasión, temblé por un momento y cabizbaja te abracé, el último abrazo eterno y rosáceo, entre el velo que se desprende de la noche vi partir tu figura masculina...
No sé que será de ti ahora, en ocasiones suelo acercarme a las cortinas y tu ahora tímido se deja entrever, contemplo el sillón donde te entregue mi alma, acaricio el piso con mis pasos, el piso donde alguna vez nuestros cuerpos sudorosos se entregaron, despliego un ligero suspiro y reparto mi penas hacia el espacio, algún día me atreveré a cambiar las ventanas del cuarto, algún día desataré con furia el ancla que descansa en mi interior, que te retiene y podré volar detrás de las olas entre las cansadas esferas de la luna...
Te extraño, siempre te extraño.
Abrí los ojos, te busqué entre las sábanas, el aroma de café recién preparado seguía aún en la cocina pero tu ya no estabas, entonces desee volver a dormir, me recosté en el sillón junto a la ventana, aspiré tu perfume impregnado en las cortinas y cerré los ojos pero mi sueños se tornaron en pesadillas, entonces aparecías nuevamente tu, pero en esta ocasión ya no me amabas, tus besos buscaban presurosos estrellarse en otra piel, y en otra y en otra... te acercabas entonces a mí con los labios manchados de sudor y susurrabas en mi oído que querías las piernas de todas, que nada te llenaba, que el vino que habías albergado en tu interior por mucho tiempo, se había terminado que ahora matabas la pena y la tristeza con triviales rutinas de sexo y pasión, temblé por un momento y cabizbaja te abracé, el último abrazo eterno y rosáceo, entre el velo que se desprende de la noche vi partir tu figura masculina...
No sé que será de ti ahora, en ocasiones suelo acercarme a las cortinas y tu ahora tímido se deja entrever, contemplo el sillón donde te entregue mi alma, acaricio el piso con mis pasos, el piso donde alguna vez nuestros cuerpos sudorosos se entregaron, despliego un ligero suspiro y reparto mi penas hacia el espacio, algún día me atreveré a cambiar las ventanas del cuarto, algún día desataré con furia el ancla que descansa en mi interior, que te retiene y podré volar detrás de las olas entre las cansadas esferas de la luna...
Te extraño, siempre te extraño.
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