En la plaza vuelan tristes las gaviotas después de la pesca, los niños cantan, como todos, ese canto melodioso de las risas... Un anciano y su acordeón ruegan altivos unas cuantas monedas, el semáforo hoy está de mal humor...
Luego de unas miradas estás tú, a la distancia de un beso, estás ahí de pie con tu sombrero y tus oscuros ojos de misterio, esos dos agujeros negros que me atraviesan dulcemente el alma, tu voz es el perfume del alba, sobretodo cuando deslizas la voz entre tus labios al pronunciar mi nombre.
Las ruedas gastadas de una carroza nos despiertan y el tren que esperábamos de pronto llega, queremos despedirnos, pero nuestros torpes labios nos lo impiden, así nos damos cuenta que el verdadero amor se dice sin palabras, se dibuja primero en el alma, el amor no tiene voz, el empírico amor es tan grande que calla, que solo logra expandir nuestro pecho para hablar con el lenguaje del viento entre nuestro cabello, el lenguaje universal de los suspiros y los besos... Ahora ve, escóndete entre el tren y sus vagones.
Luego de unas miradas estás tú, a la distancia de un beso, estás ahí de pie con tu sombrero y tus oscuros ojos de misterio, esos dos agujeros negros que me atraviesan dulcemente el alma, tu voz es el perfume del alba, sobretodo cuando deslizas la voz entre tus labios al pronunciar mi nombre.
Las ruedas gastadas de una carroza nos despiertan y el tren que esperábamos de pronto llega, queremos despedirnos, pero nuestros torpes labios nos lo impiden, así nos damos cuenta que el verdadero amor se dice sin palabras, se dibuja primero en el alma, el amor no tiene voz, el empírico amor es tan grande que calla, que solo logra expandir nuestro pecho para hablar con el lenguaje del viento entre nuestro cabello, el lenguaje universal de los suspiros y los besos... Ahora ve, escóndete entre el tren y sus vagones.
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