No se trata de mí, se trata del viento.

Estamos sentados en la cornisa, contemplando absortos los tintineos eternos de los pájaros, pensando y deseando que sean nuestras almas las que bailen al compás de ninguna canción... Bordeas mi meñique, es apenas un leve rose, pero mi cuerpo entero tiembla como una hoja a tu contacto, y como respuesta obtienes una sonrisa, esa sonrisa que tengo únicamente para ti...

La cornisa se transforma de pronto en una pequeña galaxia, y me ofreces entonces tantas órbitas y estrellas, también vientos glaciares y auroras boreales, tus labios se acercan a mi oído, pero sólo hablan del silencio, giro mi cabeza y me encuentro con dos soles, tan grandes, tan brillantes que por un instante creo estar ciega.. luego, nada, luego, todo...

Tu sonrisa ha quedado tatuada en mi boca, para siempre, esa sonrisa aplastada, esa sonrisa que podría ser tantas cosas y seguiría siendo felicidad para mi alma... Tu sonrisa, mientras se pintaba tu sonrisa en mi boca me ha contado muchas historias, historias de dunas y de oasis, de antorchas de fuego y de inviernos eternos... tantas historias que parece ser que tu sonrisa ha recorrido un largo camino hasta llegar a mi piel y a mis labios... has bebido tantas risas y sorbido tantas lágrimas, y ahora estamos elevados sobre la cornisa, tratando de atrapar a la luna y esconderla en nuestra habitación...

Una vez más tus grandes ojos se detienen en los míos, esta vez como dos estrellas fugaces atrapadas por un deseo, te miro, te miro un instante que parece eterno, entonces desato el lazo que juntaba mi cabello, te ofrezco temerosa mi única sonrisa, esa inconfundible, esa que es sólo tuya, y sin esperar respuesta deposito también en tus manos uno de los pliegues de mi falda de cuadros, entonces tus manos elocuentes recorren mi barbilla, y tus labios terminan al fin su tatuaje en mi sonrisa, entonces no es más mía, sino nuestra...

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