Cuántos cerezos recogimos esa mañana, cuantos besos fueron libres en nuestros labios, por un instante para luego matarlos con nuestras torpes palabras...
Cuántas cartas compusieron los amantes de los nardos, los lirios y las azucenas, cuántas melodías se escucharon cuantos libros se cerraron, cuántos telones se bajaron...? Y nosotros allí inamovibles, inexorables, habíamos elegido muy bien nuestras estratagemas, y seguíamos vivos, apasionados, tus bellos ojos marrones me miraban tratando de eclipsar mi mirada con el horizonte, tus labios decidieron hablarme, pero mis labios altaneros se opusieron a aquel ritual con un beso, un beso largo y profundo...
Los cerezos continuaban cayendo, uno tras otro sin piedad, igual que mis besos caían en tu boca como un río que acababa de desbordarse, se colocaron las estrellas conforme lo hacen en su danza nocturna de los jueves (...) y ahora nos contemplaban afables unas y otras azoradas por aquella escena de tu boca dibujando un mapa en mi piel, un mapa en donde el norte siempre apuntaba hacia el sur...
Los cerezos caían sin compasión, pero mi cesto estaba completamente lleno de tu sonrisa, así que permitimos que el verde pasto acariciara la suave piel del cerezo y se fundieran en un abrazo... ¿Cuántas gotas de lluvia encontraron el amor esa noche al caer en el río? Cuántas caricias encontraron paz en los pliegues ondulantes de mi cabello? Cuántas veces me has amado? me amabas desde antes de conocerme? o fue después? Cuántas veces suspiré evocando tu nombre y tu aroma, cuántas veces respondiste con aquel canto gregoriano de las aves diciendo si, te estoy amando y te espero desde ahora y hasta que retorne la aurora a devolverme el alma que tu tienes tu colgada en tu mirada...
Cuántas cartas compusieron los amantes de los nardos, los lirios y las azucenas, cuántas melodías se escucharon cuantos libros se cerraron, cuántos telones se bajaron...? Y nosotros allí inamovibles, inexorables, habíamos elegido muy bien nuestras estratagemas, y seguíamos vivos, apasionados, tus bellos ojos marrones me miraban tratando de eclipsar mi mirada con el horizonte, tus labios decidieron hablarme, pero mis labios altaneros se opusieron a aquel ritual con un beso, un beso largo y profundo...
Los cerezos continuaban cayendo, uno tras otro sin piedad, igual que mis besos caían en tu boca como un río que acababa de desbordarse, se colocaron las estrellas conforme lo hacen en su danza nocturna de los jueves (...) y ahora nos contemplaban afables unas y otras azoradas por aquella escena de tu boca dibujando un mapa en mi piel, un mapa en donde el norte siempre apuntaba hacia el sur...
Los cerezos caían sin compasión, pero mi cesto estaba completamente lleno de tu sonrisa, así que permitimos que el verde pasto acariciara la suave piel del cerezo y se fundieran en un abrazo... ¿Cuántas gotas de lluvia encontraron el amor esa noche al caer en el río? Cuántas caricias encontraron paz en los pliegues ondulantes de mi cabello? Cuántas veces me has amado? me amabas desde antes de conocerme? o fue después? Cuántas veces suspiré evocando tu nombre y tu aroma, cuántas veces respondiste con aquel canto gregoriano de las aves diciendo si, te estoy amando y te espero desde ahora y hasta que retorne la aurora a devolverme el alma que tu tienes tu colgada en tu mirada...

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