¿Cómo están las azucenas? esas blancas azucenas que no pudiste regalarme. Cómo está mi vida, esa que te llevaste cuando partiste del dulce mundo de las letras...
Recuerdas esas clases. las clases de filosofía junto a tu ventana y esas lúgubres velas que plantabas al llegar la noche, esas velas que como estrellas fugaces concedían cada uno de nuestro deseos. Tú me enseñaste a amar desde las palabras, a hablar con mis manos, a sentir la vida a través de mis ojos, tú me enseñaste a observar desde la música; con tu fiel violonchelo, ese pesado instrumento que nunca me atreví a acariciar... Ha pasado mucho tiempo, los lirios te esperan con ligeras arrugas en sus suaves pétalos, yo te espero, no volverás, lo sabemos, pero nos gusta esperar y mientras espero no hago más que recordar...
Era mayo, un absurdo mayo de lluvia, tu violonchelo se vestía de gala para una mágica noche musical, tu traje impecable, tus ojos negros como dos estelas, tus manos bordeaban mi cintura, tus manos temblaban (...) ¡Brillante noche, espléndido concierto!
Tus ojos buscaban los míos, nuestros trajes yacían cansados en el piso de la alcoba, nuestros cuerpos victoriosos danzaban a un lado de ellos, tu lengua recorriendo mi espalda, formando figuras, mi piel palpitaba con el solo contacto, tus dedos, tus intrépidos dedos (...) ¡Noche perfecta, las velas nuestras fieles cómplices!
En la ventana se deslizaban unas insípidas gotas de lluvia, mientras sobre nuestros cuerpos se deslizaban atrevidas gotas de sudor, nos amamos tanto que hasta los vidrios transpiraron por nuestra pasión, y por mis mejillas resbalaban unas inocentes gotas de amor, gotas de felicidad, de aquella felicidad sublime e inalcanzable, esa que ni en mis más remotos sueños me atreví a imaginar (...) La lluvia cesó por la magia de tu abrazo...
Y entonces, dime; Aún tiemblan las azucenas? Tiemblan temerosas cuando les cuentas cómo nos amábamos? Tiemblan como nosotros cuando nos abrazábamos? Aún vibran celosas y tímidas cuando inconscientemente me recuerdas? Cuando este dolor te hace callar, las veces que este dolor es tan profundo e insoportable, puedes recordarme y amarme sin remordimientos? o quizás también tú te has rendido, te has cansado de amarme, quizás me has cambiado por las suaves azucenas por su tierno y fresco contacto... No me olvides, porque yo te llevo vivo, como una llama, como una brisa, como aquella risa que se quedo tatuada para siempre en mi pecho...
Recuerdas esas clases. las clases de filosofía junto a tu ventana y esas lúgubres velas que plantabas al llegar la noche, esas velas que como estrellas fugaces concedían cada uno de nuestro deseos. Tú me enseñaste a amar desde las palabras, a hablar con mis manos, a sentir la vida a través de mis ojos, tú me enseñaste a observar desde la música; con tu fiel violonchelo, ese pesado instrumento que nunca me atreví a acariciar... Ha pasado mucho tiempo, los lirios te esperan con ligeras arrugas en sus suaves pétalos, yo te espero, no volverás, lo sabemos, pero nos gusta esperar y mientras espero no hago más que recordar...
Era mayo, un absurdo mayo de lluvia, tu violonchelo se vestía de gala para una mágica noche musical, tu traje impecable, tus ojos negros como dos estelas, tus manos bordeaban mi cintura, tus manos temblaban (...) ¡Brillante noche, espléndido concierto!
Tus ojos buscaban los míos, nuestros trajes yacían cansados en el piso de la alcoba, nuestros cuerpos victoriosos danzaban a un lado de ellos, tu lengua recorriendo mi espalda, formando figuras, mi piel palpitaba con el solo contacto, tus dedos, tus intrépidos dedos (...) ¡Noche perfecta, las velas nuestras fieles cómplices!
En la ventana se deslizaban unas insípidas gotas de lluvia, mientras sobre nuestros cuerpos se deslizaban atrevidas gotas de sudor, nos amamos tanto que hasta los vidrios transpiraron por nuestra pasión, y por mis mejillas resbalaban unas inocentes gotas de amor, gotas de felicidad, de aquella felicidad sublime e inalcanzable, esa que ni en mis más remotos sueños me atreví a imaginar (...) La lluvia cesó por la magia de tu abrazo...
Y entonces, dime; Aún tiemblan las azucenas? Tiemblan temerosas cuando les cuentas cómo nos amábamos? Tiemblan como nosotros cuando nos abrazábamos? Aún vibran celosas y tímidas cuando inconscientemente me recuerdas? Cuando este dolor te hace callar, las veces que este dolor es tan profundo e insoportable, puedes recordarme y amarme sin remordimientos? o quizás también tú te has rendido, te has cansado de amarme, quizás me has cambiado por las suaves azucenas por su tierno y fresco contacto... No me olvides, porque yo te llevo vivo, como una llama, como una brisa, como aquella risa que se quedo tatuada para siempre en mi pecho...

Comentarios
Publicar un comentario