Los girasoles no tienen la culpa, no tienen la culpa del amor o el desamor, ellos frescos se levantan cada mañana... no son culpables, no.
Han pasado más de cuatro años, he visto cruzar por mi camino un tren dividido en siglos, vagones enteros de silencio y de frío, y este último cielo violeta murmura en mi piel que necesitaré un abrigo... Lo he buscado, he buscado en muchas voces, y he buscado incluso en el olvido, en esas cosas rotas y en las nuevas reliquias. Nada me reconforta, todo me agobia, cada cosa me recuerda a tu mirada, y las heladas noches anhelante busco tu mano entre mis sábanas, pero no están, te las llevaste...
Recuerdo tus labios, esa manera tan tuya de decir las cosas, y escucho tu voz desde todos los rincones repitiendo esa última frase que susurraste: "...recuerda que te enseñé con mi ejemplo que el amor siempre perdona, que nunca cambia de nombre ni de cuerpo, y que para mí, amor y tu nombre son exactamente la misma cosa..." y luego un río se desborda en mi alma, luego no puedo ser feliz, cada día se repite la escena, tenme paciencia hemos empezado con "los meses más fríos del año" esos en los que más te necesito, en los que más te extraño... Después vienen más recuerdos y no puedo amar a nadie, entonces todos me parecen pequeños, nadie podrá tallarme en su pecho como lo hiciste tu con el tuyo, y no habrán versos ni canciones con mi nombre, ninguna más que no sean tuyas... de repente pienso que aún después de tu deceso debo ser fiel a esos grandes ojos negros...
Cúbreme entonces con tu presencia, inunda mi cama con tu olor, decora mis paredes con tu sonrisa, ámame con cada cosa, cada cosa que me recuerda tu vida, tu vida, tu muerte y la promesa del para siempre...
Han pasado más de cuatro años, he visto cruzar por mi camino un tren dividido en siglos, vagones enteros de silencio y de frío, y este último cielo violeta murmura en mi piel que necesitaré un abrigo... Lo he buscado, he buscado en muchas voces, y he buscado incluso en el olvido, en esas cosas rotas y en las nuevas reliquias. Nada me reconforta, todo me agobia, cada cosa me recuerda a tu mirada, y las heladas noches anhelante busco tu mano entre mis sábanas, pero no están, te las llevaste...
Recuerdo tus labios, esa manera tan tuya de decir las cosas, y escucho tu voz desde todos los rincones repitiendo esa última frase que susurraste: "...recuerda que te enseñé con mi ejemplo que el amor siempre perdona, que nunca cambia de nombre ni de cuerpo, y que para mí, amor y tu nombre son exactamente la misma cosa..." y luego un río se desborda en mi alma, luego no puedo ser feliz, cada día se repite la escena, tenme paciencia hemos empezado con "los meses más fríos del año" esos en los que más te necesito, en los que más te extraño... Después vienen más recuerdos y no puedo amar a nadie, entonces todos me parecen pequeños, nadie podrá tallarme en su pecho como lo hiciste tu con el tuyo, y no habrán versos ni canciones con mi nombre, ninguna más que no sean tuyas... de repente pienso que aún después de tu deceso debo ser fiel a esos grandes ojos negros...
Cúbreme entonces con tu presencia, inunda mi cama con tu olor, decora mis paredes con tu sonrisa, ámame con cada cosa, cada cosa que me recuerda tu vida, tu vida, tu muerte y la promesa del para siempre...
Comentarios
Publicar un comentario