Te pido un favor por esta sola noche; no soples viento, no soples... Deja por un instante de trabajar incansable por el afán de sacudir los elementos frágiles... Enmudece, haz silencio.. que las palabras tarden en llegar, que las promesas se escuchen a lo lejos, que ese grito de adiós no se escuche más, por favor viento!
Sé que para ti es difícil, que amas ver los agitados cabellos deslizándose a través de ti, que te gusta el movimiento de los mares y lograr hacer caer las hojas de los árboles, pero, sólo por esta vez, sólo por un instante, cesa... Que se queden quietas las palmeras de mi alma, que en este triste otoño por el que estoy pasando no se caigan más hojas en tu paso, no desnudes mi alma viento, no me dejes al descubierto...
Quizás mañana puedas retomar tu labor imprescindible, quizá mañana tu y yo volvamos a empezar nuestros caminos, y en esas oscuras noches en las que nos sentamos a conversar te pida cordialmente que soples con más fuerza para enfriar un poco mi amargo café... Sólo por hoy, quédate conmigo sigiloso y afable, quédate conmigo, no cruces más los océanos, visitando castillos, construyendo vestustos molinos... Acompáñame a mirar por el cristal de mi ventana, concédeme observar las cosas sin movimiento, contemplar la quietud del tiempo, y con eso pensar por un sólo momento que el dolor se ha ido...
Luego puedes volver, y agitarlo todo con fuerza otra vez, si quieres incluso puedes provocar huracanes, ya nada va a importar, únicamente un segundo sin viento, un segundo sin movimiento... ¿puedes?
Sé que para ti es difícil, que amas ver los agitados cabellos deslizándose a través de ti, que te gusta el movimiento de los mares y lograr hacer caer las hojas de los árboles, pero, sólo por esta vez, sólo por un instante, cesa... Que se queden quietas las palmeras de mi alma, que en este triste otoño por el que estoy pasando no se caigan más hojas en tu paso, no desnudes mi alma viento, no me dejes al descubierto...
Quizás mañana puedas retomar tu labor imprescindible, quizá mañana tu y yo volvamos a empezar nuestros caminos, y en esas oscuras noches en las que nos sentamos a conversar te pida cordialmente que soples con más fuerza para enfriar un poco mi amargo café... Sólo por hoy, quédate conmigo sigiloso y afable, quédate conmigo, no cruces más los océanos, visitando castillos, construyendo vestustos molinos... Acompáñame a mirar por el cristal de mi ventana, concédeme observar las cosas sin movimiento, contemplar la quietud del tiempo, y con eso pensar por un sólo momento que el dolor se ha ido...
Luego puedes volver, y agitarlo todo con fuerza otra vez, si quieres incluso puedes provocar huracanes, ya nada va a importar, únicamente un segundo sin viento, un segundo sin movimiento... ¿puedes?

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