Cómo logras cada noche traer a mis sentidos el olor inmensurable a ti... con qué facilidad logras emprender el viaje hacía mis recuerdos, en una playa, en el pasado..
Si supieras que se alberga en mi pecho la ira de varios mares porque no pude contener tu aliento en ese beso eterno que nos dimos, el primero... Estoy cansada de sentarme cada noche a tejer estas penas, con esos ínfimos hilos celestes que me obsequiaste al irte, como si aquellos hilos podrían cubrir la herida, el frío y la desgracia...
¿Recuerdas esas noches? Si, las noches de vino y de silencio, esas que terminaban muy bien con un cigarrillo y ese suspiro enamorado que escapaba de mi pecho y que sutilmente acogías con tu barbilla acariciando mis cabellos... ¿y esas risas? ¡Eran demasiadas! la más turbia noche se intimidaba ante ellas... ¿Y los besos? intrigantes, sigilosos, atrevidos y salvajes.. En tus labios podían componerse las más bellas canciones sobre besos, en tus labios el más absoluto silencio era capaz de sepultarse, Oh! que besos!
Recuerdo ahora, esa habilidad tuya para sonreír cada vez que nos mirábamos, era tan románticamente irritante, que nunca pensé que lo extrañaría... Y tus manos..... Sé que pido mucho, pero ¿me das tu mano?

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