El ritual de amar(me).

Noches en las que me siento sola.

No sé si doy mucho, o poco, no sé cómo amar correctamente. Siempre lo he hecho mal al parecer. No sé cómo hacer feliz. Pero sé que eso no me hace diferente a nadie, la gente no sabe incluso como ser feliz por sí mismos. Escribo esto como un ritual para el consuelo.

Sé que se aprende a amar, amando. Que nos aprendemos a levantar de tropiezo en tropiezo, pero es que estoy algo cansada... Cansada de ir dando tumbos, de merodear descalza por la sala, y sentarme luego frente al balcón a mirar la luz de los faroles. Pensando siempre que hay alguien en algún lugar del planeta que tiene desde siempre una parte de mi, y que yo tengo una pequeña parte de él... Me siento en la fría cerámica, escucho que cruje un poco, miro como flashes la vida de quienes quiero. Y me da cierta alegría nostálgica al pensar que no han pasado ni por un ápice de lo que yo.

Porque, ya sé, me he equivocado muchas veces, y el karma es rudo y letal. Pero, he repartido pedazos de mi corazón también, aún sin la esperanza de que alguna vez lo traigan de vuelta. Amo, de poquito en poquito hasta que me estalla el pecho. Y noches como ahora he llorado, noches como ahora se repiten angustiada, pensando que es inútil, que nadie lo ve, que a nadie le importa... Mientras sigue la cerámica allí, introduciendo su frío y tosquedad en mis huesos. Me arrastro en la misma posición y me acerco a una rendija de los ventanales... Observo, observo quieta un reflejo de mi en esa escena: penumbra, soledad, silencio... Tienen romanticismo si, tiene misterio, si. Es cómplice de muchos amores, por supuesto. Pero, nadie la ama. Esta sola. El amor pasa por ella, pero no le pertenece. Tiemblo, me hago un ovillo. Recojo una lágrima invisible por mi mejilla, suspiro y vuelvo a la cama a recordar e imaginar.

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