Unas mujeres de la vida.

Era de girar la luna como un dado, era de tirar suertes, de caminar descalzos, era de sentarnos también a la sombra de un buen árbol... era de amarnos.

Su piel ¿Cómo olvidarla? cabía en ella pequeños cristales de escarcha, pequeños diamantes que trituraban mis labios, su piel tenía siempre sed, y yo me desbordaba como un río a su contacto (...) Una noche de esmeralda su voz al fin se hizo escuchar, su voz decidió vestirme y abrigarme, era sin duda la mejor canción, la mejor melodía que podían ofrecer sus labios... pero su voz se quebraba, su voz ocultaba, su voz intrigaba, decidí entonces marcharme para siempre y olvidarle.

Olvidarlo era para mí muy fácil, podía transformar su recuerdo en nada, era tan sencillo como el lago olvida a la luna en el día, pero luego, a ratos, a momentos minúsculos y repentinos llegaba la noche, y volvía entonces la inmensa luna a cubrir al lago, a  atarlo, a envolverlo y a dejarlo.

Era de vestirnos, era de callarnos, era de huirnos, era de olvidarnos... de suprimirnos hasta la nada.

Comentarios

  1. Cuando quieras pasate por el blog, sorpresita

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  2. Aww, siii, ya vi, lo vi porque siempre reviso tu blog, leí y estaba yo, ahora recién me doy cuenta que me has avisado, muchísimas gracias hermosa!! un fuerte abrazo.

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